Los días siguen pasando. Como gotas de lluvia.
Día tras día, gota tras gota. Haciendo un charco sin importancia, que todo el mundo evita, e incluso salta. Ese efímero charco que al sol se desvanece.
Día tras día, gota tras gota. Haciendo un charco sin importancia, que todo el mundo evita, e incluso salta. Ese efímero charco que al sol se desvanece.
A nadie le importará esto.
Por la mañana, tras desvelarme con agua helada, miro en el inmenso reflejo del espejo, buscando esa imagen que todo el mundo dice ver.
Por la mañana, tras desvelarme con agua helada, miro en el inmenso reflejo del espejo, buscando esa imagen que todo el mundo dice ver.
Solo atisbo un amasijo de carne inerte y palpitante por el que discurren las gotas de agua. Un ser vacío y sin vida que se alimenta del afecto y las necesidades ajenas.
Un parasito que desecha a los que le rodean cuando, exasperado por sus pretensiones, se desentiende.
Una sensación de angustia se remueve dentro del cuerpo, al ver la mueca de esa cara como de "persona". Observo los ojos muertos y sin brillo como los de un pez muerto que se pudre al sol en una orilla, al que todo el mundo mira con desprecio.
Salgo a la calle una vez más y ando con pasos desganados, sin alzar la voz, sin llamar la atención.
Buscando en medio del nauseabundo olor de las calles sociales, el dulce aroma a vainilla que un día conocí.
Ese olor que me hizo sentir como vosotros decís...
Feliz.
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