viernes, 15 de mayo de 2015

Tengo un tren.

A menudo veo la vida desde un tren.
Es un tren que nunca se detiene, del que no puedo bajarme.
Solo puedo sentarme y observar un desalentador y monótono paisaje. Siempre el mismo, nunca igual. A veces me aterra otras me desespera.
Este tren que describo pocas veces es alocado. Otras muchas lento y exasperante. El tren no para y el traqueteo del tren sobre las vías empieza a resultar doloroso.
No sé a dónde se dirigen las vías, depende de las experiencias de la vida.
Alguna de las muchas noches silenciosas, en las que no puedo dormir, siento como otras personas cambian las agujas que marcan la dirección a la que me dirigo.
Aunque lo cierto es que a penas recuerdo el destino que escogí al subir.
Y ahora me arrepiento. Quiero bajarme e irme andando, pero no puedo.

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