La alarma está sonando, abro los ojos. La misma canción que todas las mañanas suena. Monótona e inmóvil. ¿Por qué no la cambiaré? Tampoco creo que suponga una gran diferencia.
Me muevo en el colchón, tan cómodo... me incomoda. No lo soporto. Me resultan extraños hasta los pliegues de la sábana en mi cuerpo. Toco mi cara y la almohada al mismo tiempo, buscando algo que nos diferencie. Algo que me haga sentir como que existo. Solo consigo diferenciar una calidez, por lo demás no hayo desigualdad alguna.
Desayuno un café que me despierte. Aunque seguiré con la misma sensación de insomnio, de estar en un mundo diferente. -La misma sensación de ayer, de anteayer...-
Salgo a la calle y enciendo un cigarro. Me parece más natural ese movimiento retorcido del humo saliendo entre mis labios que las fachadas de todas las personas que veo por la calle. Algunas de ellas me saludan, hablan de cosas extrañas que no recuerdo. Conocieron a alguien con mi cara. Ya no soy esa persona.
Llego a un barullo de gente con la que estudio. Un estruendo de voces me rodea. Una sarta de opiniones simples, desagradables y ain fundamento. Aún así, no puedo evitar abrir la boca, soltar algún chascarrillo, una referencia fálica. Alguien se reirá por el absurdo de la broma, aunque ni siquiera a mi me haga gracia. Solo lo hago por el hecho de conseguir atención, una mirada que consiga alejar de mi esta sensación de pertenecer a otro sitio, de no estar ahí. La presión me rompe.
Me siento en la biblioteca, rodeado de estanterías con millares de libros llenos de conocimientos inventados. Castillos de arena, no por ello menos importante e interesantes. Intentaba estudiar. En ese momento me preguntaba, ¿Para qué? -Vuelve esa náusea, creo que voy a vomitar- Algunos dirán "para labrarte un futuro", "conseguir un trabajo", "sobrevivir"... hablan de futuro. Es cierto, hasta las personas que trataban estos problemas existenciales, vendían sus libros a cambio de una compensación económica. Pero, ¿por qué iba a necesitar yo dinero?¿por qué querría sobrevivir? Si ni siquiera consigo encontrar la meta o el significado de esta absurda existencia humana. ¿Por qué querría alargarla?
Solo encuentro un dulce postre que me hace olvidar esta existencia. El sexo. Ese juego de dos cuerpos, o más, para todos los públicos que consiste en complacernos, para olvidar esta sensación de vacío. Llenando este agujero que hay en nosotros con los gemidos de otra persona. Pero esta sensación dura poco y volvemos a intentar llenarlo. Y con esto, hasta el sexo se vuelve monótono.
¿Cómo he llegado aquí? La alarma sigue sonando, debería apagarla y seguir durmiendo. Seguiré inmerso en este incómodo colchón. Me quedaré en esta realidad en la que no encuentro ni consuelo, ni compañía.
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