domingo, 10 de mayo de 2015

Primera vez.

De una noche cualquiera.

Sueño de mis manos aventureras
que escalan su espalda, al ritmo de una respiración agitada, que golpea mi almohada.
Manos que se asoman por las abruptas cimas pálidas, que mis dientes con ardiente dolor han marcado.
Hombros por donde discurren los desbocados ríos de cabellos oscuros, que impregnan con su aroma mi cama.
Desde los cuales saltarán, 
deslizándose entre las leves cumbres de su pecho, descubriendo como se eriza a mi paso la piel de sus llanuras.
Y finalmente refugiarme de la tormenta, de las caderas que me golpean, en un profundo y misterioso valle, que encuentro entre los acantilados de tus piernas.
Un lugar cálido y húmedo, donde poder beber del dulce agua, que brota de un insaciable manantial de lujuria.

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